El pensamiento del dueño; el límite al crecimiento organizacional

Era él, un profesional reconocido a nivel mundial.

Sus conocimientos e investigaciones habían revolucionado su sector industrial. Algunos colegas de Suiza, Alemania y Usa, llegaban a Argentina para conocerlo y entender los principios de su descubrimiento.

Hace ya 10 años de esta revolución provocada por un especialista argentino. Muy pocos se enteraron en nuestro país, aunque en el mundo, ya dejó de ser una innovación y se ha convertido en una práctica común, una nueva normalidad. Muchas empresas generaron dinero y nuevas oportunidades gracias a este descubrimiento, pero, ¿qué pasó con su creador?.

Tiempo atrás, me convocó para conocer su empresa. Llegué a través de otro empresario que conocíamos en común. Fuí a la reunión en modo escucha.

Su empresa era pequeña, muy especializada, de nicho, buscada por muchos interesados en sus servicios, pero también, poco rentable, mal organizada y, por sobre todas las cosas, mal liderada. 

Durante la conversación, se podía vislumbrar que el problema de la empresa no era falta de mercado o experiencia, sino, falta de mentalidad empresarial. Este señor, sentía que él no se había preparado para ganar dinero, que no sabía cómo hacerlo. Alguien, en el pasado, le había grabado a fuego que él, “solo era un gran técnico y que los técnicos nunca llegaban a ganar dinero”. Fue tan efectivo ese mensaje que así es como se sentía y hacía todo lo que hacía para fortalecer este pensamiento: “si focalizas en la rentabilidad y en los negocios, dejas de pensar en las investigaciones y en las soluciones”. Sumemos a esto, que, él, convivía con la idea que si delegaba parte de sus decisiones, dónde él tenía las mayores debilidades, quién llegara, convertiría a su empresa en algo que en ese entonces no era, y ya dejaría de brindarle las oportunidades que hasta aquí le proporcionaba. Mirara por donde mirara, no había escapatoria: la empresa no era rentable, él estaba incómodo con sus ingresos, otros generaban oportunidades y riquezas con sus inventos, pero él no y creía que esto era imposible de cambiar…

Personalmente, creo que cualquier problema organizacional puede ser revertido. Solo es necesario entender el problema y encontrar los recursos y el momento. A veces, esto toma tiempo, pero tarde o temprano se logra.

Me contrató y empezamos a trabajar.

Analizamos los diferentes sectores de su organización. Conversé con todos sus referentes, con su familia y clientes. Había un pensamiento común: él era considerado una gran persona, de gran corazón, con fuerte carácter cuando había que defender ideas al punto tal, que ya nadie le decía lo que estaba mal porque esas conversaciones eran inviables. ¿Por qué?, me pregunté y entendí que eran porque él sabía que algo estaba mal pero no quería escucharlo, porque cuando uno descubre cuál es el problema, algo tiene que hacer…

Luego de tres meses nos reunimos, pero con información estadísticas de algunos años para atrás. Evaluamos rentabilidades, ventas, nuevos desarrollos, pero, sobre todo, la evolución de su empresa, lo que se hacía antes y lo de ahora. En ese punto estuvo la clave porque pudo notar que todo cambiaba; sus técnicas, sus investigaciones, sus desarrollos, su filosofía, pero su empresa no, siempre era la misma y su gente también. Nada a su alrededor cambiaba, sólo él. Fue en ese entonces cuándo se dio cuenta que algo estaba mal; “¿cómo es que tengo la capacidad para ver nuevas tecnologías y estoy ciego en relación a lo que pasa a mi alrededor?”., “cómo es que no vi todo esto antes?”. Desde ese día, se abrió a los cambios internos y logramos resultados sorprendentes en poco tiempo. Sus colaboradores estaban contentos, pero a su vez, molestos, porque entendían que desde tiempo atrás a esta parte, habían intentado explicarle todo esto, pero nunca les dio lugar.

Dos años después, su empresa logró rentabilidad, su equipo, incorporó nuevos profesionales y también se crearon nuevos sectores.

Nuestros pensamientos y modelos mentales habilitan y desactivan oportunidades de desarrollo o estancamiento.

Generalmente, tomamos lo que pensamos como lo que es y no es y luego actuamos en consecuencia.

En el mundo de las grandes empresas, el pensamiento está más dividido y hay lugar para el debate de ideas, pero en las Pymes, muchas veces, lo que piensa el dueño, ES lo que es, y esto define el crecimiento y las limitantes organizacionales.

Desde mi experiencia, la visión del empresario es la base fundamental para las posibilidades organizacionales, por esto, es que la clave, es entender el pensamiento y la visión del líder para luego contrastarlo con lo que sucede en la organización.

La visión, que siempre está, define las posibilidades de desarrollo de la empresa y el de todos sus integrantes.

En cada Pyme, hay, por lo menos, un líder. Este limita y potencia su empresa. Nos guste o no, las Pymes son empresas que se definen a partir del carácter y el pensamiento de sus creadores, al menos hasta que toman un tamaño mayor.

Conocí empresarios que lograron resultados increíbles en muy poco tiempo, incluso, con la macroeconomía jugando en contra y otros, que, en el mismo sector, y después de 20 años, siguen sobreviviendo.

Si la empresa está estancada, focalizar inicialmente en los procedimientos o en el plano económico es una pérdida de tiempo, porque no podremos cambiar nada sin antes desafiar las ideas y la forma de pensar de su creador.  

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