Cuando decidí emprender..

16 años atrás..

Renuncié a la relación de dependencia y 48 horas después llegaba mi primer cliente como consultor; una empresa de ingeniería con 15 años en el mercado y la intención de crear sus propios productos. Un cambio cultural al máximo esplendor.

Trabajamos durante algunos años y los resultados aún hoy, me enorgullecen y me hacen sentir parte de la empresa. Para bien o para mal, porque uno nunca sabe qué oportunidades abandona cuando se define por un camino, este cliente marcó mi vida, me convirtió en consultor.

Fue en ese proyecto donde comprendí que debía aprender a trabajar con personas, a valorarlas, a escucharlas y entender que cada uno tiene un para qué en ese mundo en el que interactúa. También comprendí algo que después alguien, en la maestría en Coaching Organizacional que realicé reforzó: la base de toda empresa son las personas y si bien, lo que más nos interesa de cada organización es el resultado final, lo que sucede en las bases es la clave. Sin calidad humana no hay ideas, procesos y acciones innovadoras, sólo hay repetición de tareas que tienen un solo fin: hacer lo que hay que hacer para obtener lo que quiero obtener.

Hace tiempo comprendí que la rentabilidad es el premio y no la meta. Por lo menos, para mi, pero también entendí que los responsables de habilitar a las personas son sus directores. Quienes toman las decisiones estratégicas son quienes decidirán las posibilidades futuras de desarrollo de las personas que interactúan en el mundo de cada empresa. Comprendí que cada empresa es un contexto y lo que sucede allí, no solamente impacta en la organización sino también, en las vidas de todos sus integrantes. Lo que aprendan, sus economías, los tiempos que le dedicarán a la organización, lo que transmitirán a sus familias, amigos, a la sociedad… Todo esto y más, es responsabilidad de lo que suceda en una organización y sus directores. Yo creo que la mayoría de los dueños o directores organizacionales no son conscientes de semejante responsabilidad, quizás, porque si se hicieran cargo de todo esto, no podrían pensar en el para qué de la organización. No prestar atención a todo esto es un grave error: hay un mix ideal donde todo se maximiza: la calidad humana y los ingresos organizacionales. Además, cuando esto sucede, a diferencia de lo que se cree y sucede en general, es que las personas deciden quedarse en dicha organización más tiempo, encuentran en este lugar un espacio de desarrollo integral. profesional, económico, social e intelectual.

Llevo 16 años trabajando de esta forma, perfeccionando mi modelo que por cierto tiene mucho de artesanal porque cada empresa es un mundo y cada contexto una realidad diferente.

A pesar de haber trabajado con decenas de empresas y centenares de profesionales en procesos de estas características, no encontré dos organizaciones iguales aunque sí, con problemáticas similares.

En estos años, me encontré con un gran desinterés por parte de muchos empresarios para trabajar en procesos con estas características porque consideran que el tiempo dedicado a las personas debe ser para capacitarlas en lo que deben hacer y no mucho más: pagar para capacitar y desarrollar personas es un gasto porque terminan retirándose y llevándose conocimientos. Esta última frase la escuché cientos de veces.

Las personas son la base pero no se amplía la base si desde la cúpula no hay intención de que esto suceda.

De regreso a mi primer cliente, cuando iniciamos el proceso pensamos, primero en cuál era el fin de la organización, para qué se había creado. Esta es una pregunta clave para mí, porque también, rompiendo mitos, creemos que todas las empresas se crean para ganar dinero y no es así: la respuesta de mi primer cliente fue: “en relación de dependencia yo ganaba mucho dinero pero tenía que ser parte de proyectos que no eran los que yo hubiera elegido. A mi me gusta investigar y no podía, así que armé mi empresa para divertirme, para llevar adelante los proyectos que yo quiero con la gente que elijo y me elige”.. Hoy, esta empresa, es referente internacional en su segmento industrial. El nivel de rotación es de los más bajos que se imaginen y sus socios no son millonarios, es verdad, pero no les falta nada de lo que necesitan.

Así como esta empresa fue creada para que sus dueños se “diviertan”, otras son creadas o sostenidas para ganar dinero, para obtener reconocimiento, por mandatos familiares, para dejarles algo a sus hijos o futuras generaciones, por ideales.. etc, etc.

Esto hace que cada empresa sea única e irrepetible.

No hay dos empresas, por más que interactúen en el mismo sector industrial, que piensen o hagan lo mismo. Aunque el producto final sea similar, el fin de ese producto y la concepción del mismo es totalmente diferente.

..Días atrás, nos encontramos con el creador de esta empresa. Hacía ya algún tiempo que no nos veíamos pero cuando hablamos de sus colaboradores, le pregunto por uno y por el otro, todos están. Obvio que hay gente nueva que desconozco, pero las referencias permanecen. Tomamos un café y me contó su proyección 2035… si, 2035 pensado desde una empresa Latinoamericana conformada por 50 personas. Están mirando 15 años adelante y no es utópico, ya lo hicimos y funcionó!!

Para poder ver lejos es importante tener en claro hacia dónde va el mercado, el mundo y como subirse a la ola. Es vital ser flexibles y estar dispuestos a desafiar cualquier situación que el entorno proponga pero también es clave saber con quienes uno cuenta. No podemos hacer grandes cosas solos, es utópico y desgastante.

Definir una visión y tener un plan de acción es fundamental para luego detectar o descartar oportunidades, elegir a qué olas subirse y a cuáles no.

Lo más desafiante: ver y crear posibilidades, convertir sueños en realidades, construir nuevos entornos que luego otros van a desarrollar con sus talentos y habilidades.

Lo más emocionante: ver el pasado después de muchos años, comparar lo alcanzado con el comienzo y volver a empezar. Así es la vida, así son las empresas. Ver menosEditar

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