Emprender es una necesidad

Siempre asocié al emprendedor con un estilo de vida orientado a buscar, aprender y arriesgar derribando barreras culturales y sociales que limitan el avance de una persona más que con alguien que encuentra una oportunidad de negocio y construye una empresa, o la compra para llevar esa idea al mercado. Entiendo todo esto, como una actividad secundaria en la vida de un emprendedor.

Los emprendedores, son personas con intereses e inquietudes, con muchas preguntas sin respuestas antes que empresarios o profesionales. Son personas con necesidad de saber y cuando ya saben, se dan cuenta que necesitan volver a aprender.

Los emprendedores que conozco, son personas que irradian una energía muy particular. Son positivos e interactúan con otros porque entienden que esta es la forma de seguir aprendiendo.

Existe desde siempre una gran pregunta que nos lleva a debate y pareciera que no tiene respuestas: Emprendedor: ¿se nace o se hace?, ¿Qué contestar?…

Esta pregunta no tiene una única respuesta. Hay personas que tienen un don, algo que los distingue, que es nato y los orienta a emprender en cualquier ámbito de la vida sin saber por qué. Simplemente porque les nace. Pero también existen personas, que con el correr del tiempo, a través de reflexiones, aprendizajes o situaciones que los desafían, reconstruyen su vida y comienzan a emprender sin haberlo hecho antes. Esto último, me lleva a pensar que todos tenemos potencial emprendedor, todos tenemos espíritu de aprendizaje y construcción de nuevas realidades. Lo que a veces no tenemos es la confianza o la capacidad de ver, que es posible actuar de una forma distinta a la que estamos acostumbrados.

El mundo está cambiando permanentemente y junto a él, las personas que lo habitamos. Hoy día, a diferencia de las generaciones anteriores, la tendencia es construir una vida única, a medida de cada persona mientras que, en el pasado, nuestros padres y abuelos transitaron sus vidas de forma muy homogénea, estructurada producto de la educación impartida en ese entonces.

El mundo tal como lo conocemos y definimos ya casi no existe: los programas educativos se tornan obsoletos antes que el alumno reciba su diploma, la forma de consumir y hasta la pirámide de Maslow ya no define las necesidades de la sociedad actual como hace unos años atrás; hoy, los jóvenes ya no buscan seguridad, entienden que no tiene sentido vivir una vida en busca de algo seguro porque esta es finita…

Año tras año interactúo con cientos de nuevos emprendedores y jóvenes universitarios (muchos de los que, sin saberlo, ni proponérselo son también nuevos emprendedores) y hay parámetros comunes entre ellos:

En primera instancia se debaten entre lo que la cultura les dice que tienen que hacer y lo que ellos quieren hacer. Esto genera, dudas interiores que no son expresadas ni liberadas porque creen que “lo que quiero no es lo que debo”.

También los apabulla la mirada de los demás; la principal respuesta a la pregunta “¿Cómo te sentís siendo quién sos?” está relacionada a una sensación de impotencia por considerar que necesitan hacer lo que los demás esperan de ellos y no lo que les gustaría hacer. La familia y el entorno más cercano es la principal limitante del potencial emprendedor de los jóvenes. Sus familias, parejas o amigos, son quienes incentivan a que transiten el camino de la “normalidad” y dejar el “delirio” para otra vida.

Es notable el miedo que les ocasiona pensar en el futuro y esto es debido a la posibilidad de fracasar. Y nuevamente, entienden el fracaso como la posibilidad de no construir una vida como la sociedad propone (bienes materiales, familia, una vejez con “seguridades”). Los miedos son tales que imposibilitan el accionar a tal punto que, para dejar de sentir esta emoción, muchas veces prefieren olvidarse de sus sueños y adaptarse a lo que ya conocen y les brinda cierta seguridad. En concreto, dejan de buscar su verdadera esencia y se transforman en lo que la sociedad les propone.

Entonces, nuestra sociedad está hoy día conformada por cada vez más personas que intuyen que la vida esta para vivirla como uno desea y no como la impone los mandatos culturales pero el miedo al fracaso, la mirada de los demás y las barreras limitantes del contexto, conspiran para que la mayoría de las personas transiten una vida monótona, no deseada y vacía de existencia. Ahora que pienso, las drogas, el alcohol, la violencia cada vez más notorias en nuestra sociedad y otros males indeseados por todos, quizás tengan asidero en la educación formal y en las instituciones que ya no se adecuan a lo que somos y queremos ser…

Entonces, creo que construir una cultura emprendedora es flexibilizar nuestras creencias y brindar más oportunidades de desarrollo a quienes así lo deseen. Una cultura más flexible. Una que contenga a individuos más felices (entendiendo la felicidad como una vida que se transita con significado y placer). Es muy probable que personas felices y con sensación de plenitud, estén más dispuestas a colaborar y asistir a otros como mentores de vida. No me caben dudas que los emprendedores se buscan hoy día más problemas que los que tiene alguien que se mantiene en su zona de confort; pero tampoco dudo, si me preguntan quién siente durante mayor tiempo a lo largo de su historia la sensación de libertad.

Una cultura emprendedora es una donde las instituciones del pasado se tornan obsoletas y se verán obligadas a modernizarse. La política, el estado, la educación y las religiones, son las organizaciones más antiguas, burocráticas y estructuradas de nuestra sociedad. Estas limitan nuestro potencial, nos abrazan con creencias y modelos de vida inexistentes (basta con ver las estadísticas año a año acerca de la cantidad de personas que interactúan con estas instituciones). Emprender, es buscar la independencia de los parámetros culturales. Es animarse a vivir como uno desea y no como los demás pretenden. Tiene sus riesgos, no es nada sencillo, pero quién lo logre podrá decir que vivió y permaneció en este mundo a “su” manera y no como propone la sociedad

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