“No tengo Visión”

¿Cuánto tiempo de nuestras vidas nos pasamos buscando el para qué hacemos lo que hacemos?.

¿Cuántos sueños nos llevan a reflexionar sobre lo que fuimos e hicimos, haciéndonos sentir que nuestras vidas no tuvieron sentido o si?.

Me dedico a la consultoría y al coaching desde hace 16 años. En todo este tiempo he trabajado directamente y sin exagerar con miles de personas. La gran mayoría de ellas, con una misma problemática expuesta de una forma única, propia: “no tengo visión”, “no sé qué quiero”.

Durante mi búsqueda personal, en unos de mis peores momentos, una experta me dijo que la visión había que buscarla hasta encontrarla. Me enojé mucho con ella, pues era una experta y frente a mi frustración, su respuesta fue: “seguí buscando”. Odié a esa mujer durante años hasta que, en algún momento, encontré mi para qué y automáticamente la recordé y agradecí sus palabras. Hoy puedo ver que la respuesta que me ofreció, no tenía ningún sentido, fue básica, marketinera: no me movilizó a dar un paso más allá, la recuerdo porque me pegó en mis emociones de ese entonces y nada más.

La mayoría de las personas que habitamos este mundo no desarrollamos una visión, ni sueños futuros sostenibles. Quizás, porque nuestros padres o formadores no sabían como despertar el espíritu soñador de nosotros mientras fuimos niños y nos acostumbraron a comportarnos y vivir de forma convencional, conservadora, intentando cuidarnos, nos marcaron el camino más seguro. Muy pocos son aquellos que nacen o desarrollan un “para qué” adolescente que mantienen y concretan en el tiempo, los demás, sobrevivimos a lo largo del tiempo haciendo lo que surge o nos queda mejor o más cómodo en cada momento porque desistimos en buscar ese motivo que nos impulse hasta que, a veces, por algún motivo, llega..

La visión o no visión personal se traslada al terreno laboral y de nuestras empresas. Si tenemos visión, creamos estructuras para concretarlas y así es como surgen los emprendimientos y luego las empresas. Pero también, hay empresas que nacen a partir de una oportunidad para el empresario más allá de si desarrolló o no su visión personal.  Entonces, se puede mantener un proyecto sin visión: SI!!. Cómo es esto?.

La visión es la capacidad de ver una meta futura, un momento ideal, la vida tal cual la queremos vivir o la creación de algo que hoy no existe. Para que exista visión, es necesario que exista una incomodidad presente, algo que falte o no esté bien. Este es el motor que impulsa los cambios.

Durante años trabajé con empresarios para ayudarlos a definir su visión y muchos no lo lograban, muchísimos. Fue ahí donde me pregunté: “qué pasa si no tenemos visión?” y la respuesta fue “nada, si tenemos un concepto”. Es parecido a la visión, pero es más terrenal, más visible porque parte sobre la base de las opiniones, los valores, lo que creemos de nosotros, de nuestro entorno, sobre como hacemos las cosas y que resultados esperamos de nuestras acciones en el presente.

En el mundo empresarial y personal, necesitamos un motor, a veces, ese motor es la visión, el sueño, lo que queremos alcanzar, pero otro muy válido y efectivo es el “cómo hacemos lo que hacemos, que tipo de proyectos buscamos y que resultados esperamos”. Cuando el CONCEPTO se une a la VISION diseñamos una bomba atómica de ideas, implementaciones y resultados uno tras otro. Las dos juntas hacen que las empresas y las personas brillen y que nunca se agote su potencial porque saben hacia dónde van y como tienen que hacerlo. Tener una visión es fantástico, pero sin una implementación, un concepto, una estrategia para alcanzarlo, es charlatanería.  En cambio, el concepto, no nos indica cómo vamos a estar en algunos años, pero nos marca un camino de valores, de formas y define con qué tipo de personas, empresas, proyectos nos identificamos. Con el concepto, se va haciendo camino al andar. Con la visión, se define primero el destino.

¿Cómo llego a este largo texto, rebuscado y, quizás complejo de seguir (espero que no)?

Desde hace unos meses, estamos trabajando con tres empresas, sus socios y referentes que decían no tener visión y se notaba en sus acciones: cambios permanentes, marchas y contramarchas y resultados mediocres. En los tres casos, diseñamos un plan de acción para definir cuales eran los conceptos con los que más se identificaban los de adentro, cuales eran aquellas palabras que más sentido hacían en el equipo, los que más enorgullecían a la gran mayoría y llegaron!!. Es increíble ver como se alinean las acciones una vez que se encuentran las palabras justas que describen lo que somos y hacemos. Todo se orienta, se ordena, se abandona lo que no sirve y se incorpora lo necesario para seguir transitando. ¿Saben hacia dónde van y que quieren lograr? Si, pero puede cambiar y esto les permite ser flexibles, moldeables a partir de lo que surja en el camino. Esto es mucho mejor que saber adónde tengo que ir, marcar un camino y no moverse por nada de este.  Las personas de estas empresas, saben lo que quieren, pero eso que quieren se concreta y ejecuta aquí y ahora. No fue un proceso de una conversación y ya. Fueron meses (dos en un caso, ocho y doce en los otros) de búsqueda de información, de frustración y sensación de “ahora si” para luego darse que cuenta que no era por ahí, pero hoy, las tres comunidades fortalecen su camino a diario y a pesar de esta situación de pandemia en la que vivimos.

Las empresas son espacios de pensamiento y construcción profesional y personal. El fin último es la rentabilidad pero para que esto suceda, hay un camino de desarrollo de ideas, de construcción humana individual y colectiva a la que en la mayoría de los casos no le prestamos demasiada atención y desde ahí es que surgen ciertas ideas bien arraigadas como por ejemplo: lo peor es trabajar con gente, la gente no se compromete, el dueño es el único que gana, yo trabajo durante la semana y los fines de semana vivo, etc, etc.

Las empresas #4RI son comunidades de personas que acuerdan transitar un camino juntas mientras se autoconstruyen y encuentran o desarrollan su visión personal.    

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