Empresas con “Propósito”

Ya lo dijimos antes: COVID no cambió nada; aceleró casi todo. Aceleró los cambios en la educación, los procesos políticos que se viven en cada país, el impacto de la tecnología, ciertos cambios sociales, muchos laborales, etc.

En el mundo organizacional ya empezamos a sentirnos a gusto con esto del teletrabajo; no viajamos apretujados, nos levantamos un poco más tarde, no nos maquillamos ni planchamos las camisas y hasta nos ahorramos algo de dinero. También hemos descubierto nuevas herramientas que en principio, pareciera nos están permitiendo ser más efectivos.. pareciera. Mi percepción es que como todo lo nuevo, estamos muy cómodos, pero también hay una realidad y es que la mayoría de todos nosotros no tenemos muchas cosas más por hacer que trabajar. Esto se ha convertido en una escapatoria, es el momento que nos permite estar con otros y haciendo algo productivo. En las grandes ciudades, la mayor parte de la sociedad vive en pequeños departamentos, solos o con pocos. También existe una sensación de incertidumbre debido a la posible pérdida del empleo. Todo esto lleva a muchos a dedicarse más a su trabajo e intentar hacer los deberes mientras interactúan con otros en la misma situación. Esto va a cambiar cuando las cuarentenas se levanten y podamos salir libremente de nuestros hogares y cuando esto suceda, las empresas que no hayan trabajado en procesos de gestión y desarrollo del trabajo a distancia:

1. Tendrán problemas de comunicación y efectividad

2. Deberán regresar al trabajo en la oficina, al menos, gran parte del tiempo.

Las organizaciones que más saben de teletrabajo han desarrollado un modelo social en el que sus colaboradores conocen el propósito de su trabajo, el para qué o el valor que agrega su gestión a un proyecto común creado entre todos los participantes, donde nadie es más importante que nadie y todos son uno pero de verdad, no demagógicamente como en la mayoría de las empresas que conocemos.

El futuro es para las organizaciones que logren comprometer a la mayor cantidad de sus colaboradores para alcanzar una meta superior a todos, algo que solos sería imposible pero juntos, un gran desafío. Yo sé que no descubro nada con esto, la diferencia está en que hasta aquí, todas las empresas lo proponían, pero en el día a día, nada de esto sucedía. A partir de ahora, el que no logre definir un propósito, un para qué hacemos lo que hacemos compartido por la mayoría, no lo logrará o en el mejor de los casos, será una empresa del montón que competirá por precios mientras que otros lo harán por valor o especialización.

Google, Amazon, Facebook, Apple, entre otras son ejemplos inalcanzables para la mayoría de las Pymes, pero hoy, son el modelo a seguir con los recursos y posibilidades de cada uno. En estos lugares, las personas se dedican a crear valor porque el contexto les brinda la posibilidad de hacerlo. Nadie está pensando en lo que marca el sindicato ni en el horario de trabajo, ni si hago más o menos de lo que me corresponde. La mayoría de quienes trabajan en estas “comunidades” lo hacen porque pueden ver a diario, el valor que agregan con su trabajo, conocen cuál es el fin último de la organización y saben que son parte de este propósito común.

Claro está que esto no es contrario a las exigencias para cumplir con los objetivos, a la medición de los resultados personales y de los equipos. Como en toda comunidad, hay reglas y objetivos, derechos y obligaciones.

Ya no podemos hablar de empresas, necesitamos pensar el lugar de trabajo como el de una comunidad de personas que están dentro y fuera de esta institución y tienen un propósito común. ¿Exagerado?, así funcionan las mejores empresas del mundo sin importar su tamaño, el fin último y su nacionalidad. ¿Es solo para las tecnológicas?, bueno, quién crea que su empresa no será tecnológica en el mediano plazo, quizás tenga la misma suerte que los dinosaurios.

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